Estos días en las Jornadas de Innovación me han servido para abrirme un poco más la mente. Todo ha sido muy gratificante para mí, pero he encontrado, como siempre, que hay algo que intenta empañar las cosas que salen bien.
Esta vez ha sido el sentimiento de que quizá algún compañero/a pueda pensar que lo que hago es por lo típico de “hacer la pelota”.
Seguro que hace un mes mi reacción hubiese sido otra, pero la experiencia me ha ido enseñando, y he reflexionado sobre el tema. La conclusión a la que llegado es que con esa actitud nunca serán unas buenas profesoras. (me dirijo en femenino ya que es el género con mayor número de personas en clase, y no quiero ser machista).
Una de las cosas fundamentales en el proceso de Enseñanza – Aprendizaje es que los profesores quieran a sus alumnos y confíen en ellos. El profesor debe crear un ambiente de confianza al alumno. Una vez creado ese clima el éxito o fracaso dependerá del grado de compromiso del alumno. Para mí, Enrique ha sido alguien que me ha abierto la puerta de su despacho para poder trabajar juntos. Este hecho en mí ha generado un elevadísimo interés por una asignatura que no comprendía muy bien, ya que de innovadora se sobrepasaba a sí misma. Sinceramente no tenía ni idea de cómo podía funcionar la asignatura, pero de repente abrí los ojos y me di cuenta que lo que me pasaba es que “los árboles no me dejaban ver el bosque”.
El profesor debe confiar en el alumno, debe quererlo, y tiene que conseguir que el alumno sea consciente de ello. Si hay personas que piensan que lo que he hecho es hacer la pelota creo que nunca serán buenas profesoras, ya que nunca confiarán en el alumno, en su interés para aprender, y simplemente valorarán el interés de un alumno como algo instrumental, que él lo hace por que le interesa superficialmente y no porque realmente le aporte nada al alumno. Este tipo de profesora tendrá a los alumnos como enemigos, no los va a querer y sólo pensará que quieren aprovecharse. La relación afectiva debe ser como la de un padre con sus hijos (salvando las distancias), y un padre no piensa en intereses subliminales.
El hecho de poder participar en las Jornadas, de trabajar entre iguales, sin sentimiento de inferioridad, ha generado en mí la sensación real, por primera vez en mi vida, que soy un titulado universitario, que pese a seguir estudiando ya tengo algo. Además he adquirido cierto grado de concienciación y de responsabilidad. Esto para mí resulta mucho más gratificante que cualquier otro interés oculto que otras personas quieran ver.